miércoles, 11 de noviembre de 2009

Estela de acero A.D.R.[3]

0011
Era inteligente, parco, tímido, solitario.
Siempre estaba sentado bajo un manzano.
Lo que le pasaba lo escribía en un diario.
Y sus pensamientos los plasmaba en un piano.

Desde niño con astucia y sabiduría,
Se enfrentaba con valentía a sus temores.
También con mucha rabia agredía,
A niños y jóvenes, chicos o mayores.

Fue pobre de nacimiento,
Pero fue rico en conocimiento.
Muchos, de mucho tiempo le siguieron,
Muchos, por él y para él murieron.

Don Ricardo era el nombre,
De aquel quien le enseñaría,
En la vida y muerte ser hombre,
Y también saber a quién odiaría.

Tenía doce años, tenía mañas.
Don Ricardo muy bien las conoce,
lo tomó y lo juntó con "Las Arañas",
De maleantes, los mejores doce.

El primer atraco se encontraba ya cerca.
Estaba listo para ganar.
Robar millones al banco era su meta.
Y por lo menos a diez matar.

Como tocar teclas era,
Para él, de cualquiera la vida quitar.
No importaba quien fuera,
Tan sólo quería su melodía tocar.

Así fue de niño y así de joven,
Sacando de sus órbitas, los ojos.
Atravesando cualquier abdomen,
Matando a los hombres a su antojo.

Llegó a dar levantones en sus años mozos.
Ejecutó a cientos, enterrándolos en pozos.
Estuvo involucrado en muchos fraudes.
Por eso, el pueblo de él hacía alardes.

Era narco. Traficaba órganos de metal.
Estos no eran de humano, ni de animal.
Eran de androide y los cobraba bien.
Llegó a juntar de millones, más de cien.

Pero su alma no era oscura,
Ni su boca escupía hiel.
Él llegó a amar con locura
Y se le erizaba la piel.

Amó a una mujer y la disfrutó.
Ni con pétalo de rosa la tocó.
Mientras que a otros, él despreciaba,
A ella todo su corazón le otorgaba.

Tuvo un hijo en quien su fe puso,
Sería más grande, que él más listo.
Retomaría su trabajo inconcluso,
El hombre más valiente jamás visto.

Su misma estirpe, la luz del solo develaba,
Misma mirada, misma sonrisa portaba.
También el coraje que el narco tenía,
En el alma del niño ésta sonreía.

Un cártel contrario a ellos detuvo,
De sus autos bajaron sin gran apuro.
Con armas plásmaticas a ellos bañaron.
A su esposa y niño, los narcos mataron.

Desgarróse el alma de nuestro protagonista,
Pues su tesoro le había sido quitado.
Juró venganza contra cualquier contrabandista,
De aquel cártel con corazón desalmado.

Ahora el piano emanaba otro sonido,
Sus melodías ahora se escuchan extrañas,
Ya que su obra anunciaba con quejido,
Que nacía desde el fondo de sus entrañas.

No hay comentarios: